Tomás Yarrington


Padierna

La detención del ex gobernador priista de Tamaulipas, Tomás Yarrington, en Florencia, Italia, es uno de los hechos más importantes y destacados en la lucha contra la narcopolítica que ha dominado en México en los últimos 20 años.
Por desgracia, este hecho no ocurrió cuando debió haber sucedido: desde abril de 2004, durante el gobierno de Felipe Calderón, la SIEDO de la PGR admitió que Yarrington estaba siendo investigado por encabezar una red de más de 300 policías, empresarios y funcionarios que protegían al entonces Cartel del Golfo.

En el colmo de la impunidad, Yarrington fue precandidato presidencial del PRI en la contienda interna de ese partido en 2005, cuando participó en el entonces conocido TUCOM (Todos Unidos contra Madrazo) y está acreditado el fuerte vínculo que mantuvo el entonces mandatario de Tamaulipas con su homólogo Arturo Montiel, del Estado de México, y con el entonces candidato priista a la gubernatura de esa entidad, Enrique Peña Nieto.
En 2012, la DEA volvió a señalar a Tomás Yarrington, junto con otros mandatarios priistas de estar siendo investigado por proteger al Cártel del Golfo y también a los Zetas. El entonces candidato presidencial del PRI, Enrique Peña Nieto declaró que le parecía “sospechoso” que estos señalamientos ocurrieran en plena contienda presidencial.

Ahora ya no hay nada “sospechoso” ni apoyo priista alguno. El líder nacional de este partido emitió un escueto comunicado para señalar que Yarrington fue suspendido de sus derechos partidistas en 2012 y que en diciembre de 2016 fue expulsado del PRI por la Comisión de Justicia Partidista.
El comunicado del PRI afirmó que en ese partido “señalamos todos los casos en los que los políticos se vean involucrados en actos de corrupción, a fin de cerrar el paso a la impunidad”.
El caso de Yarrington demuestra exactamente lo contrario. Más bien, el caso del ex gobernador de Tamaulipas constituye un vergonzoso expediente de protección política, impunidad y complicidades que se prolongaron por más de dos décadas.

¡Cuánta violencia se hubiera evitado, cuántas vidas se hubieran salvado, cuánta corrupción se hubiera combatido si a Yarrington lo hubieran procesado en el momento necesario para frenar la descomposición de Tamaulipas!
Hoy no es necesario de lavarse las manos, como Poncio Pilatos, sino de asumir las responsabilidades políticas de este caso tan escandaloso que no es una excepción sino una regla en los últimos años.
Sen. Dolores Padierna Luna
Coordinadora del Grupo Parlamentario PRD