Después de Iguala nada es igual / El Universal


Alejandro Encinas

He decidido separarme de las filas del PRD. Renunciar a la militancia en el partido en el que participé activamente desde su fundación. Se trata de una decisión estrictamente personal, que he compartido con compañeras y compañeros a quienes respeto y con los que he vivido distintas experiencias, así como con militantes que hoy se encuentran en el desencanto, indignados e incluso avergonzados de la descomposición que vive el PRD.

Lo hago en congruencia con mis ideas. No puedo mantenerme en las filas del partido que han puesto en evidencia los hechos de barbarie ocurridos en Iguala y que a cuatro meses de la tragedia, sus dirigentes guardan silencio, apostando al desgaste y al olvido.

Como he señalado anteriormente, México atraviesa por una profunda crisis política y por una tragedia humanitaria. La impunidad y la corrupción han conducido a la descomposición política del Estado y sus instituciones.

Es momento de hacer un alto en el camino y una reflexión que permita reivindicar la política como un asunto del interés público. La política no es propiedad de los poderosos, como la democracia no es posible sin la participación del pueblo.

Las fuerzas progresistas deben replantear su desempeño. Abandonar los lugares comunes, modificar su lenguaje y recuperar el sentido común. Construir una nueva identidad implica reconstruir los vínculos con las causas populares y una plataforma que permita fortalecer la iniciativa social.

La adversidad actual requiere de la unidad de las fuerzas progresistas. Una unidad desde abajo, que rescate valores y principios para ser una opción verosímil que permita enfrentar el proyecto antinacional que se está instaurando.

Por ello hemos convocado a crear una Red Nacional para la Reivindicación y la Unidad de la Izquierda, como un espacio de reflexión plural e incluyente, que permita la confluencia de ciudadanas y ciudadanos sin partido, de intelectuales y líderes de opinión, de quienes participan en distintas organizaciones civiles o que militan en diferentes partidos políticos, a fin de revertir el extravío que vive el Estado mexicano, sus instituciones y los partidos políticos.

¿Por qué conformar una red? Porque permite crear una alternativa frente a la jerarquía y disciplina que imponen las organizaciones tradicionales, lo que permite la autonomía personal y la pluralidad. Porque evita las prácticas clientelares y el burocratismo. Porque las decisiones emanan de la discusión colectiva. Porque permite flexibilidad organizativa y conjugar espacios de participación a organizaciones e individuos quienes participan en función de su interés y posibilidades. Porque permite coordinar acciones que pueden ir de la vía electoral a acciones cívicas y, sobre todo, porque permite construir ciudadanía.

El resultado de las elecciones de junio próximo obligará a replantear los términos de la participación electoral y parlamentaria de las fuerzas progresistas si se pretende disputar la Presidencia de la República en 2018. Concluido este proceso electoral debe abrirse un espacio de reflexión entre las fuerzas políticas que coincidan en crear un nuevo modelo de articulación con autonomía del poder.

Es hora de volver a imaginarnos cómo debe ser nuestro ser colectivo y reconstruir un proyecto alternativo al de la elite en el poder, que aspire a crear una sociedad equitativa, justa y libertaria.

Tres valores deben articular esta Red: ética, justicia y solidaridad con las causas sociales. La sociedad mexicana está harta de la corrupción, la impunidad y los privilegios de la clase política. El cambio es posible. Para lograrlo es necesario erradicar a todos los Abarcas y a todos quienes consintieron su intromisión en la vida política del país. Que no haya impunidad, que no haya ni perdón ni olvido.

Senador de la República